Nunca estuvimos en cenas de lujo o en bailes elegantes; ni siquiera habíamos pisado un hotel de los buenos a pesar de haber recorriendo todo los rincones del país… eso a ella nunca le importó. Nunca se quejó de caminar por caminos de tierra y barro que ni siquiera podían llamarse caminos y que a veces parecía que no llevaban a ningún sitio. No, eso a ella nunca le importó.
Nuestro espectáculo era bastante sencillo: el mago de traje aparentemente elegante y su esbelta ayudante. Empezábamos con cosas sencillas como sacar palomas, flores, el truco de las cuerdas… cosas absurdas para caldear el ambiente. Pasábamos a trucos de fuego que siempre gustaba al público. Lanzar cuchillos con los ojos tapados… esa clase de cosas.
Eran tiempos difíciles tanto para mí como para el resto de la nación. Veníamos de una guerra y había más hambre que ganas de ver a un chica partida por la mitad. Frecuentábamos casinos y casa del pueblo donde se servía coñac multiplicado con agua y los únicos espectadores eran viejos que no habían muerto en la guerra. Habíamos vivido momentos mejores, pero que mucho mejores, y sin embargo a ella no parecía importarle.
Aquella noche mientras ella se maquillaba delante del espejo, sin que se diera cuenta, no dejé de mirarla. Pensaba en todo lo que podría haberle dado y que nunca conseguí; en los lugares en los que teníamos que dormir para ganar unas miserable perras y en como ella siempre se acurrucaba a mi lado para protegerse del frío; en como me abrazada y me besaba la frente, me sonreía como queriendo decir que todo iba a ir bien y se quedaba dormida a mi lado. Nunca pareció importarle que no tuviéramos dinero al día siguiente para poder desayunar. No, eso a ella no le importaba.
Aquella noche le conté a la policía como se hacía el truco de la chica partida por la mitad. No tuve fuerzas para contarles como había serrado a mi propia esposa sin piedad y sin ninguna posibilidad de escapar, delante del público.
Nunca hubiera podido llevarla a la fama, hacer de ella una gran actriz de los escenarios, trabajar en los mejores clubs de la ciudad o ganar una fortuna en cada espectáculo para llevarla a cenar langosta y dormir en una suite. No, nunca lo hubiera conseguido; aunque eso, a ella, nunca le importó.
Final muy duro, demasiado duro.
ResponderEliminarLa vida es muy dura pero ¿por que no dejar algo de esperanza? ese "Dios aprieta pero no ahoga".