Después de relatos tan largos, vamos a dar un respiro a los lectores con una fina y exquisita narración breve. ¡Qué bonito me ha quedado!
LA CASCADA DE LA LÁGRIMA.
La caída de la cascada de la Lágrima se origina en lo alto de la cordillera central del reino, por la que anduvo la doncella. Su caída es fina como una plancha de metal y perfectamente recta, pero la altura desde la que cae la dota de contundencia. El paso del tiempo hizo que se formará el lago homónimo y la inclinación del terreno dio lugar al río Cola que muere en el sur del país.
Tras la clase de geografía pasamos a la de historia.
Cuando la hermana menor melliza fundó la ciudad del centro del mundo, tan solo era cuestión de tiempo para que acabará siendo la reina del reunido reino, como era lógico. Fue la primera monarca mujer, pero eso es otra cosa. Si recordáis, el problema de la sucesión todavía no estaba resuelto. En esto, la reina (llamémosla ya reina), tuvo 3 hijos, y como era de esperar, los tres fueron mellizos. Algunos dirán que fue por gracia de Dios, y yo digo que también es mala pata, pues tuvo dos chicos y una chica. El mismo esquema que vivió ella con sus hermanos. ¿Es que Dios no tiene en cuenta que nos hace meternos en embrollos importantes, y lo que nos hacen sufrir? Pero bueno, dejemos a Dios a un lado que aquí aún no le veneran.
Tras haber parido a los tres niño y haber reposado un poco, una de sus sirvientas más cercanas , con muy mal ojo por cierto, le planteó así como quien no quiere la cosa la cuestión de la sucesión con las estas buenas nuevas. La reina había sido una sabia gobernadora y lo había demostrado, pero ahora no sabía como resolver el problema pues había leyes más poderosas que ella. El horror del recuerdo de sus consanguíneos la paralizaban y no quería, por nada del mundo, la situación que provocaron sus hermanos; y aún menos iba a permitir que miles de personas padecieran por culpa de sus hijos.
Serena, mandó a todo el mundo salir de la habitación y así obedecieron todos. Esperaron fuera a la espera de alguna noticia de su reina, incluso algunos agudizaban el oído por si podían intuir lo que pasaba dentro. Pero antes de que nadie se enterara de nada, la reina abrió las puertas con uno de los bebés en los brazos. Se sacercóa a su sirvienta y le dijo:
-Ten. Acuéstala.
Después de aquello, la reina abandonó el palacio sin que nadie se lo impidiera. Salió de la ciudad sin que nadie la descubriera y se adentró en las montañas. Su cara permanecía dura e impasible, como si hubiera cobrado toda la valentía antes de una batalla. A cada paso que daba su mente no dejaba de recordar: "Me obligó esta estúpida ley no escrita, no es mi culpa". Paso tras paso, letanía tras letanía llegó a lo alto de una de las montañas de la cordillera central y desde allí susurró. Susurro que el eco de las montañas recordará durante siglos: "...pero los he matado yo". Y una sola lágrima bastó para reconocer lo que había hecho. Una lágrima que al caer al suelo se convirtió en una gran cascada, imagen del gran tormento que fluía dentro de su cuerpo. Ni ella misma, ni el viento, pudieron perdonarse por aquello, y una violenta ráfaga la hizo caer al vacío.
Cuando llegue el momento en que Hellen se encuentre en lo alto de la cascada y tenga que decidir si saltar o no, no habrá viento que la empuje ni ráfaga que la ayude a decidir. Sin embargo el eco de las montañas le recordará: "...pero lo has matado tú".
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